Iñaki de 30 años , se le reconoce más bien por el – Que todo lo arregla- No hay cosa que este hombre no sepa arreglar. Desde bien pequeño, la idea de que podía arreglarlo todo era fuertemente arraigada a su ser. Sus padres personas de bien, tenían claro que el futuro de su hijo estaba en pleno desarrollo tecnológico.
Iñaki nació en una familia de trabajadores honrados, un 24 de Octubre de 1990. Ese día fue recordado aun más por sus padres, ya que llevaban varios años intentando agrandar la familia.
Fue la felicidad de la casa, un trasto pequeño con herramientas en las manos, simulando ser mecánico con la moto de juguete. Que se rompía la televisión? Ya encontrabas a Iñaki y sus herramientas de juguete en la parte de detrás buscando o creyendo que buscaba una solución para arreglarlo.
Fomentaron desde muy temprana edad ese amor por arreglarlo todo, para así en un futuro, pudiera sacar provecho a ese amor y talento con el que había nacido.
El caracter de Iñaki es amable, hasta cierto punto, en el que quizás su pronto o mal genio, le obligue a tirarte a la cabeza lo primero que tenga en la mano. Pero siempre ha sabido llevar sus amistades y conservarlas. Amigo de sus amigos, y fiel a sus ideales. Sus padres eran de San Francisco y allí creció hasta los 23 años, donde un giro en su vida lo obligó a partir lejos de allí.
Con Iñaki puedes tener seguro un buen trabajador, honrado y de fiar, pero había algo que le perdía, y era la velocidad.
Su manejo era espectacular, sobretodo con las motos, pero con el paso del tiempo, empezó a ir poco a poco a extremos.
Su infancia era la de todo niño, unos padres que le quieren, y lo protegen, que quieren evitarle todos los males, pero que forma parte del menor saber que caminos seguir.
Con 7 años, salía de la escuela con las ansias de un tiburón por llegar y ver a su padre reparar la moto que tenían en el garaje. Era su mejor momento del día, el escuchar las herramientas caer al suelo, escuchar la voz de su padre pidiendole herramientas… Y el sonido de su madre cuando los llamaban para cenar, y sabía que el día se terminaba para volver a comenzar de nuevo al día siguiente.
Es cierto que estudiar no era lo suyo, siempre despistado, aburrido por la monotonía de las clases y revoltoso como el solo.
Algo que se hacía más evidente conforme iba creciendo, era que iba a ser un rompe corazones totalmente, rubio y ojos azules, un pelo suave y una sonrisa con unas muecas que conforme fue creciendo, lo harían más irresistible ante los ojos de las chicas.
Los años pasaban, y su diccionario de ligoteo crecía a pasos agigantados, tanto que la profesora pidió que los padres corrigieran. No veía normal que con 12 años, intentara ligarse a chicas de otros cursos, con ese don de gentes y ese estilo único al caminar.
Sus padres en casa se lo tomaron con humor, es un crío, que más da? Son 12 años de hormonas que empiezan a crecer y a revolotear. Ya tendrá tiempo de sentar la cabeza, decía su padre, mientras su madre lo miraba con cara de – Sois un par de gandules-.
Hijo único de siempre, hasta esos 12 años, donde le tocó negociar con sus padres, pues querían agrandar la familia, cosa que no le hacía gracia. No ser el niño de los ojitos de su madre, o el hombretón que crecía en la familia. Pasar a ser el hermano mayor y no el único, no era algo que le hiciera mucha gracia. A favor tenía que su madre ya tenía una edad, en la que el embarazo se le hizo imposible, ya le costó tenerlo a el, así que con 43 años de edad, la madre después de muchas pruebas, tuvo que dejar de lado el volver a ser madre.
Le duró unos días la felicidad de volver a ser el único, hasta que le anunciaron que adoptarían a poder ser una niña, les daba igual la edad, les daba igual el pasado, de dónde venía.. Tenían suficiente amor para cuidar al nuevo miembro, los 2 trabajaban, tenían un buen hogar y podían permitirse agrandar la familia.
La decisión y los trámites lo hacían un trabajo complicado, pero Iñaki fue entendiendo, que tener un hermano pequeño o mayor, no sería tan malo, quien sabe… Quizás tenía el mismo amor por la mecánica que él. O quizás, si era un chico, podría tener a su mejor amigo durmiendo en la habitación de enfrente.
Iñaki iba creciendo, cada vez más independiente y más libre, con un carácter luchador. Todo lo que el se proponía lo conseguía, costara lo que le costara. Pronto empezó a jugar con la velocidad, mientras sus padres perdían la esperanza por adoptar a un pequeño y notaban cada vez más la rebeldía de Iñaki. La de todo joven de 15 años con la vida por delante y pocas luces.
Amigos, malas compañías, conocidos y malos caminos, llevaron a Iñaki a cometer más de un error, y llegar a estar detenido por ir a altas velocidades sin casco y sin carnet por las calles de San Francisco.
Sus padres nunca pensaron en castigos severos, pero decidieron vender la moto que con tanto empeño el había arreglado con su padre los últimos años. Era más un peligro propio que un privilegio poder tenerla, y lo último que sus padres querían era tener que arrepentirse de no cortar a tiempo esa actitud.
Pronto vendría una nueva persona a la vida de la familia Dallas. Un adolescente de 16 años, que llevaba la vida de casa de acogida en casa de acogida.
Es lo que tiene adoptar a un joven que ha crecido sin padres, sin un modelo a seguir, un poco de todos a los que ha conocido, quedando el como ultimo a todos sitios donde iba. Avisaron a sus nuevos padres, que iba a ser complicado, que tuvieran la paciencia necesaria y si no la tenían, que la sacaran de donde fuera, pues un joven de esa edad, no era fácil para nada. La única esperanza que tenían, es que fuera a congeniar con su hijo Iñaki, y hacer la vida más amena al menor hasta que entendiera que esa familia nueva estaba para quedarse.


El nuevo hermano de Iñaki se llamaba David, pelo moreno, tez morena, ojos verdes, realmente eran un marrón clarito que cambiaba sutilmente al darle el sol, haciendo que se vieran verdes.
Tenía la salud de un toro, con una apariencia fuerte, quizás con un poco de sobrepeso, pero nada que un poco de deporte le ayudara a normalizar. Es normal, si se pasa el día comiendo comida basura en hogares donde no se preocupan en absoluto de su salud.

A primera vista, Iñaki y David parecían congeniar, gustos parecidos, uno más de coche que de motos, pero ambos les gustaba el motor en general. Los domingos viendo las carreras, cogiendo la costumbre de escaparse por las noches, cosa que Iñaki nunca hacía, empezó a hacer.
Se iban y se pasaban horas fuera de casa con el porro en la mano, tonteando con las chicas de su entorno, pasando de los estudios y metiendose en líos.

No podía dejar de lado a David la familia Dallas, y eso que sabían que era quien estaba llevando a Iñaki por un camino que no correspondía a lo que le habían enseñado. La edad tampoco ayudaba, todo lo que decían sus padres, les parecía mal. Que sabrán ellos de divertirse no?
Los estudios fueron cayendo, y se dieron más importancia a delinquir como niñatos por el barrio. Una bici robada, un paquete de tabaco mangado de una mesa del bar, un movil por aquí…
Todas las oportunidades que tenían en la vida, la iban perdiendo con cada mala acción, tanto que perdió Iñaki la oportunidad de estudiar todo lo que había estado deseando desde que tenía uso de razón.
Pronto se les terminaría la edad en la que eran inmunes cara a la Ley y tratados como adultos. Primero David, y al poco tiempo Iñaki. Las reuniones con colegas, alcohol, drogas y velocidad se hacían más frecuentes. Al principio ganaban dinero apostando quien llegaba antes a una meta, luego se empezó a jugar más la vida en carreteras transitadas y no en almacenes abandonados, donde no tenían más opción que matarse entre ellos si es que ocurriera algo.
A David le cegaba el dinero, pero más la adrenalina que le ocasionaba conducir a 200 km/h a las 4 de la mañana, el oir rugir del motor, un coche que nadie sabe de donde sacó, y el cual tenía escondido durante el día.
Iñaki y David se volvieron inseparables, eran el duo perfecto, uno provocaba y el otro apostaba. Y pocas veces perdían, hasta tal punto de que las cifras aumentaban, y más de uno salía llorando o con una paliza de allí.

Iñaki siempre era el que provocaba, el que iba y apostaba sus santos cojones a que su hermano David podía con el otro coche en un cerrar y abrir de ojos. David se hacía el tonto, hermano no joder, no apuestes, que hoy no estoy muy fino… La gente se confiaba hasta que empezaron a conocerlos en toda la ciudad, y a crearse más de un enemigo.
Muchos se sentían engañados y más cuando no estaba del todo seguro las formas de ganar.
Los padres de estos dos, perdieron poco a poco las esperanzas, ya no servía avisarles de que les cerrarían las puertas de sus casas, a ellos les daba igual, ganaban más en una noche que su padre en un mes. Siempre a costa de poner sus vidas en juego.

David tuvo la idea de irse a vivir juntos a un apartamento, pasemos de tus padres decía. Nunca los llamó papá, y siempre los vio como un impedimento para llevar a Iñaki a su lado oscuro. Iñaki era inteligente, pero quería divertirse, no quería tener responsabilidades y total, estaba haciendo lo que más le gustaba. Reparaba los coches de aquellos que participaban en las carreras, estaba con sus motos y los circuitos de motos en los que se pasaba horas desconectando del mundo.
Pero era consciente, de que tarde o temprano, eso tenía que terminar, aún así, lo estiraría lo máximo posible.

A la edad de 20 años, David con 21, llegó a los oídos de alguien importante, que se estaban dedicando a hacer carreras ilegales, y había mucho dinero de por medio. Algo tiene el dinero, que acaba atrayendo siempre el lado oscuro de la gente. A las peores personas o personas interesadas.
Esa noche había un grupo de 4-5 personas nuevas que ambos no reconocieron, parecían estar siempre observando todo lo que hacían, y cuando ya eran las 5 de la mañana e iba a terminar toda la fiesta y cada uno para su casa. Se acercó un tío alto, cara de pocos amigos, apostandose 50 mil dolares a una ultima carrera, pero no iba a ser en ese recorrido, era uno improvisado en mitad de San Francisco. El dinero les quemó la poca conciencia que tenían a esas horas, habían ganado casi todas las carreras, y el coche tampoco es que estuviera en su mejor momento.
Iñaki prefirió no seguir, tenía toda la razón, el coche estaba que prendía fuego, el motor necesitaba descanso, y ellos también. Otro día, si estaba dispuesto.. Lo tomaron por un cobarde, en vez de ser el único que tuvo 2 dedos de frente, pues David arrogantemente y en contra de su hermano aceptó.

Sonreía de forma fanfarron, preguntando si habían normas. A lo dicho, las únicas normas que habían era no sacarse de la carretera ni esas guarradas, y que debían ser 2 en el coche. Les parecía raro ese tipo de normas, cual era el motivo de que fueran 2 en el coche?
A lo que le contestó el otro, que si esa pregunta era una forma de acobardarse. David miró a Iñaki y le pidió con la mirada que fuera su acompañante, – hermano, Iñaki joder! 50 mil dólares! Yo puedo, te lo juro, el coche aguanta! –
Iñaki acabó aceptando, la edad, no querer fallar a su hermano, no parecer un cobarde delante de tanta gente.. muchos factores actuaban ahí.
Se subió y atendieron a las indicaciones. Empezarían en Alemany Blvd, llegando hasta Seneca Ave, bastantes calles de diferencia. Ellos no sabían del todo el recorrido, pues una vez en Seneca Ave, tenían que buscar la calle Amazon Ave y llegar hasta la entrada OESTE del parque Mclaren Park. Habían estado infinidad de veces en ese parque, pero nunca prestando atención a las calles.
Eran las 5:40 de la mañana, cuando ya estaban en la salida, una sensación extraña en el pecho de Iñaki le llevó a decírselo a David, que algo no olía bien.
David: Todo irá bien joder, que negativo estás hoy.
Iñaki asentó con la cabeza, y se resignó a no ser el cenizo.
Una chica con el pelo castaño dio la salida al quitarse el sujetador delante de ellos.
El coche rugía y le sacaba un buen cacho al otro coche, se notaba la potencia de uno a otro, algo que siguió sin gustarle a Iñaki, ver como tenían en el culo al otro coche.

Pronto llegaron a Seneca Ave, casi pasandose de largo, haciendo que el otro coche se adelantara, la gente iba escandalizandose por la calle, y más de uno tenía que retroceder al cruzar la calle para no ser atropellado por ellos.
A estas alturas seguramente habría policía de camino, eso estaba claro.
David decidió seguir al coche hasta encontrar la calle Amazon Ave, y a partir de ahí, ya sabía donde estaba el parque, acelerando y como si la vida los quisiera ganadores, adelantando de una forma bestial al otro coche.
David gritaba de a emoción, mientras Iñaki sonreía al sentir en el la adrenalina y que iban ganando.
Parece ser que no le hizo mucha gracia al otro coche, cuando aceleró y le dio un golpe trasero al coche de estos 2, haciendo que perdiera el control y metiéndose en la entrada del parque.
Se pudo escuchar gritos de personas, otros corriendo, gente llorando y suplicando, mientras Iñaki y David tenían la suerte de llevar el cinturón y el airbag salvándoles la vida.
David despertó antes que Iñaki, fueron solo unos segundos, un minuto máximo de mareo, de reacción. El abrir y cerrar los ojos, ver todo nublado, notar la sangre cayendo por su nariz, escuchar los gritos, las palabras – Llamad a una ambulancia, no reacciona!-.
Toda la parte delantera del coche estaba hundida, salía un humo oscuro de el, un olor fuerte acabó de despejar a Iñaki que intentaba situarse en el momento, y rezar que por favor, no hubiera nadie herido.
David salió por la parte de detrás del coche al tener su puerta encallada, su mirada al suelo asustó a Iñaki, era una mirada atroz, una mirada de muerte, mientras decía que no con la cabeza.
Miró a Iñaki mientras este reaccionaba y salía del coche, y le gritó delante de todos -Esto te pasa por ir a tanta velocidad habiendo bebido!!-
La mirada de Iñaki no se movía de la señora que había en el suelo, rodeada de sangre suya, sin reaccionar, de como le estaban haciendo la RCP y de las lágrima de su novio intentando que siguiera con vida sin poder pronunciar palabra alguna que se le entendiera. Pasaron los segundos, mientras intentaba entender como podían haber llevado a eso.
Que se les había pasado por la cabeza, cuando volvió a escuchar a David echarle la culpa de todo. De conducir rápido, de ir bebido.
-Joder! Iñaki!!! La has matado!- Mientras se ponía las manos en la cabeza y lloraba desconsolado. La gente miraba a Iñaki y le gritaban de rabia, con odio, y no es menos, esa mujer no pudo esquivar a tiempo el vehículo.
Una multitud de personas rodeando el accidente, otros muchos desde las ventanas grabando, llamando a la policía y curioseando.
Iñaki no estaba entendiendo nada, no reaccionaba a las culpas de David, no podía centrarse en lo que estaba pasando a su alrededor. Miraba a David, y veía las intenciones, pero no le salían las palabras de su boca, no le salía que el no era culpable, que el no quiso, que el lo avisó.
David cogió e hizo el papel de su vida delante de la policía.
Los testigos aseguraban que David salió de la parte de detrás, que no vieron más, no vieron quien conducía, pero por descarte, condujo Iñaki.
Iñaki aun con la mirada en la nada y detenido junto a David para aclarar lo sucedido, y llevados a juicio por homicidio.
Las pruebas médicas indicaban un fuerte golpe en la cabeza de Iñaki, drogas como la Marihuana y un alto grado de alcohol en el cuerpo.
Las pruebas de David fueron iguales, más alcohol que Iñaki, pero todo el peso de la Ley acabó culpando totalmente a Iñaki por ser al que culparon por conducir.
La justicia castigó severamente a Iñaki, mientras que con David tuvieron más delicadeza, su abogado alegaba que no había tenido una vida fácil, de familia en familia. Y que empezó a torcerse al llegar al hogar de Iñaki. Iñaki le llevó por el camino de la velocidad… el camino a una muerte.

Los padres de Iñaki no podían creer lo que estaban viviendo, sus hijos en juicio. Les tocó subir al estrado y confesar que Iñaki siempre fue bueno, pero ya tenía paradas por no tener carnet de conducir e ir a velocidades altas de joven, cosa que no le ayudó nada.


David pasaría 2 años en prisión, mientras Iñaki le esperaba 4 años por conducta temeraria y homicidio involuntario.
Con solo 20 años, iba a ser un duro golpe en su vida, su futuro estaba destruido si no lograba superar la culpa y volver a su camino principal.
Decidieron no llevar a los 2 a la misma prisión, por miedo a reprimendas y peleas, haciendo que sus padres estuvieran totalmente separados para poder apoyar a los 2.
David al año no quiso saber nada más de sus padres adoptivos, y ellos con todo el dolor de su corazón, tuvieron que aceptarlo, meses más tarde se enteraron que ya estaba en la calle, y había vuelto a ser detenido por ir a demasiada velocidad pasando del límite de alcohol.


Iñaki había pasado 2 años ya en prisión, al no ser una persona conflictiva, no estaba en la zona de peligrosos. Dedicó todo su tiempo a superarse a si mismo, a ir a todos los cursos posibles de reinserción, entre ellos mecánica.
Iñaki salió de prisión cumpliendo 24 años. Volviendo a casa de sus padres e intentando llevar por buen camino su vida, volver a recuperar amistades que valieran la pena y retomar la relación con sus padres.
Curriculums en casi todos los talleres de San Francisco, y en ninguno le daban la oportunidad. Y eso, que tenía recomendaciones, pero sus antecedentes no eran de ayuda.

Hasta que llegó a un taller cerrado a cal y canto, parecía no siempre estar disponible al público. Pasaba día sí y día también a ver si encontraba a los dueños, al menos que si estaba cerrado, le dieran la oportunidad de demostrar que el podría llevarlo.
Cada día a la misma hora pasaba, podía leer algunas reseñas de hacía un par de años, de como recomendaban el taller por el buen trato y los precios bajos. Buenos mecánicos y atención excelente. ¿Cuál era el motivo de que lo cerraran?
Una tarde viniendo de un grupo de ayuda al que el responsable de Iñaki le obligaba a ir, volvió a pasar por el mecánico, era el taller perfecto para el. A 15 minutos caminando de su casa, con especialidad en motos y coches de alta gama, con importación… Volvió a picar, esta vez fuerte, ya agotado de tanto rechazo, sobre las 8 de la noche con la oscuridad de la calle.
La desesperación llevó a Iñaki a pegar patadas a la puerta del taller, patadas, puñetazos y gritos de rabia, de una vida truncada por una mala decisión.
Cuando la voz de una mujer se escuchó por la ventana de arriba del taller.
-EL RUBIO! Vuelve a pegar una patada más a la puerta y te corto la pierna por arriba de la rodilla-
Miró hacia la ventana y pudo ver a una chica morena con el pelo corto y liso apoyada en la ventana con cara de pocos amigos y un cigarro en la boca.
Era tal la frustración que llevaba Iñaki, que volvió a pegar la patada a la puerta del taller.
La chica lo miró, pegó una calada al cigarro, lo tiró a la calle y mientras soltaba el humo, miró para dentro de esa habitación e hizo un gesto con la cabeza.
Iñaki no sabía bien que quería decir con eso, hasta que de la parte de detrás del taller salieron 2 tíos, uno de ellos gordo y alto y tez blanca, con trenzas y pintas de haber salido de un videoclip de Tupac, diciendo – Vamos rubito, para dentro.-
Acto seguido miró para arriba Iñaki y ya no estaba la chica.
Se abrió la puerta y lo metieron a la fuerza dentro.
No podía creerse Iñaki que otra vez estaba metido en líos, ya no era casualidad, era la vida que no quería verlo avanzar.
Lo sentaron a la fuerza y mientras le cogían el móvil y se lo apagaban, iba bajando la chica que había visto en la ventana.
Se sentó en la mesa, volvió a encender otro cigarro, y empezaron a actuar los 2 chicos que lo obligaron a entrar, mientras bajaban 3 personas más por las escaleras del taller.
Iñaki les habló con total sinceridad, acababa de salir de prisión y llevaban meses rechazandole en todos los empleos donde intentaba entrar. No quiso molestar, pero venía todos los días aquí a ver si estaba abierto y nunca lo estaba. Y de la frustración le pegó una patada.
La chica se rió mientras miraba al móvil, una carcajada que el salió del alma. Quedandose el local en silencio, nadie sabía si se reía de lo que estaba escuchando o de algo del movil.
El gordo se giró y le preguntó que qué le hacía tanta gracia con una sonrisa en la cara, llamándola hermana. Hermana? pensaba Iñaki, uno enorme y gordo, y ella más baja que lo habitual en una mujer.
La chica los miró y les dijo: Buenos días, busco trabajo.. Le interesa de Jardinero? Y le responde, dejar dinero??? Si lo que busco es ganar dinero!.
En ese momento Iñaki vio que ella era la que mandaba, el chiste no tenía ni puta gracia y aun así, se reían hasta de forma exagerada algunos con tal de contentarla. El gordo la miraba como pidiendo que se lo explicara, no lo había pillado.
Se le cambió la cara a la chica, se acercó a Iñaki y se puso sentada en sus piernas. Y con una voz que demostraba tranquilidad, le preguntó su nombre y que era lo que realmente quería.
Puso su brazo alrededor del cuello como si se conocieran de toda la vida mientras ella seguía fumando.
Iñaki le dijo que tenía alta experiencia en arreglar cosas, que su pasión eran las motos, pero podía arreglar cualquier vehículo que se le pusiera delante. Solo necesitaba una oportunidad, la oportunidad que nadie le iba a dar por sus antecedentes.
La chica le confesó que la podía llamar Heavy, aunque no era su nombre real, algo bastante claro.
Le dijo que este taller estaba cerrado, pero que existía la posibilidad de que tuviera un nuevo dueño. Diciendo dueño haciendo un gesto de comillas.
Heavy: Digamos, que no tengo suficiente tiempo para llevar mi taller, vivo en otra ciudad, y estoy perdiendo dinero al mantenerlo cerrado. Pero necesito un encargado ciego, mudo y tonto.
Iñaki asintió con la cabeza diciendo – yo soy tu hombre! Soy ciego, mudo y soy subnormal!-
Heavy afirmó con la cabeza, le cogió de la cara y mirandole a los ojos le dijo -eso habría que verlo, de no ser así, ella se encargaría de lobotomizarlo, cortarle la lengua y sacarle los ojos si hacía falta-.

Heavy: -Estarás mañana aquí a las 7 de la mañana, a ver de que pasta estás hecho- -Chicos, foto a su cara, a su identificación y cogedle el número de teléfono – Decía mientras se iba de nuevo para el piso de arriba.

Al día siguiente Iñaki estaba a las 7 en punto en el taller, entró y habían 3 coches, la chica se acercó a el, le dio las llaves y mirandole le dijo: -No me falles, una única oportunidad, no más-.
-Quiero que desmontes estos coches, las mejores piezas las guardas, las de menor valor las dejas a la vista, que mañana vendrán a por ellas -.
Iñaki pensó, que era bastante claro que vendían las piezas al extranjero, y estos coches no volvían a ver a sus dueños nunca más. Pero como dijo Heavy, ciego, mudo y tonto.
Iñaki empezó a trabajar, junto a 2 personas más, no le sonaba las caras, ¿serían nuevos? Desde la escalera se gritó la chica – El rubio está a cargo de todo, si el dice que hagáis algo, lo hacéis- -Iñaki estoy arriba, espero que no me molestéis con tonterías-
Iñaki afirmó con la cabeza, aun con inseguridades en su mente, gritando : -Manos a la obra, venga a currar, tú y tú encargaros de ese coche, yo estaré con este. –
Durante toda la mañana heavy salió y entró del taller junto a más gente, entraban salían, cargaban cajas a un camión, volvían a entrar, llamadas, llamadas, llamadas…
El resto de semanas fueron mejorando, hasta averiguar como se llamaba ella y el resto de trabajadores.
Allí mismo los 3 trabajando, acumulandose las piezas y desapareciendo al día siguiente, como si no hubiera existido nada. Poco a poco empezaron a trabajar más personas, pero más cara al publico, mientras Iñaki y los otros 2 estaban más enfocados en los coches que tenían que desvalijar, alguna vez tenían que arreglar algún que otro coche de más valor que la casa de Iñaki, aunque en tema de motores, no le temblaba el pulso.
Al cumplir un mes trabajando allí, una vez terminadas 12 horas de trabajo, el día que más coches habían, Heavy reunió e invitó no de forma cortés a que subieran al coche. Era día de celebrar un mes muy próspero, decía Heavy.

Llegaron a un local que por fuera, parecía una mierda, pero por dentro, era una obra de arte. Una besa larga y llena de platos, vasos, alcohol…Iban a celebrarlo de verdad? se preguntaba Iñaki.
Ese tiempo trabajando para Heavy, osea Ivy, había empezado a conocer sus estados de animo, sus gestos, cuando podría estar de buen humor, cuando iba totalmente a matar, o te daba una oportunidad.
Allí mismo, ella pidió que Iñaki se sentara a su lado, gritando en el local -Iñaki es ahora uno de la familia-
Iñaki se quedó sin palabras, no sabía a que venía eso, y recurrió a una sonrisa casi forzada entre temor y desconcierto.
Ivy lo miró y le pidió que se sentara y pidiera lo que le saliera de la polla, con esas precisas palabras.
Iñaki ya vio su final, la última comida que se le suele dar al que van a ejecutar en prisión.
Allí mismo, con una sola mirada y gesto de afirmación, pusieron a uno de rodillas, antes de que llegara a colgar su chaqueta en la entrada.
Ivy se levantó de la silla, su hermano Klaus con una AK en las manos, sacó una mariposa de la bota derecha, le rajó la garganta sin darle opción a que pudiera defenderse.
El silencio se apoderó del local, Iñaki sentado en el mismo sitio que le dijo Ivy, sin moverse, guardó un cuchillo de la mesa bajo la manga y se quedó en silencio.
Cual era el motivo de que lo matara? se preguntaba Iñaki, – Si he estado trabajando 1 mes con el, y todo bien…-
Se acercó el tercer trabajador que estuvo con Iñaki, le puso la mano en el hombro, y le dio la bienvenida.
Se sentaron todos en la mesa, mientras unas personas recogían el cadáver y limpiaban por encima la sangre.
Ivy miró a su hermano y le pidió que le explicara a Iñaki, mientras ella iba a preparar una sorpresa para el.
Klaus le comentó que tenía la lengua demasiado suelta, y es lo último que pueden permitir. Durante ese mes, estuvo intentando poner en su contra al compañero, para quitarle su puesto de Jefe. Aparte de hablar mal de las mujeres, imposible que una mujer pueda mandar.
Y demás mierdas que no gustaron nada.
-Iñaki, estás vivo porque sabes estar callado, por ser ciego, mudo y tonto- Le dijo Klaus, mientras le pegaba un bocado a un trozo de pizza que había.
Ivy volvió sonriendo y limpiandose la cara con una toalla mojada en alcohol o eso parecía ese olor.
Parecía tener rastros de sangre o algo rojo.
Se sentó y avisó que la sorpresa estaba lista, en cuanto terminaramos de comer, iban a mostrarla.
De vez en cuando se escuchaba algún grito, a lo que absolutamente nadie hacía caso, todos a lo suyo, a comer, excepto Iñaki, que aun no sabía si iba a salir con vida de esa.

A las 3 horas, despues de 1 trago de whiski y 4 cigarros, se levantaron todos, y llevaron a Iñaki a una sala oscura.
Al entrar había un olor a muerto que tiraba para atrás, oyendo gruñidos de animales y un llanto profundo.
Habían 3 perros atados con cadenas, con la boca llena de sangre, y un tío colgando del techo amarrado por los pies. A Iñaki esa voz empezó a sonarle, se le aceleró el pulso, cambiando totalmente la cara.
Preguntando en voz alta- David?
David empezó a gritar, Iñaki por dios, ¿eres tú? Iñaki joder! Joder! Sácame de aquí! Joder!! Me van a comer vivo. Me duele mucho Iñaki por favor, hermano.
Iñaki se quedó quieto en el sitio mientras todos los de su alrededor miraban su reacción, encendieron una luz tenue, que permitía ver lo justo y necesario para ver que sí, era David.

Ivy lo miró, sonrió y le dijo – Sorpresa! –
Aquí tienes tu regalo, por tu lealtad, por haber sido un buen trabajador este mes, y para que recuerdes el resto de tu vida a quien perteneces.
Iñaki miró a Ivy y no supo reaccionar.
Ivy le invitó a que sacara el cuchillo que había cogido, y a que tuviera la opción a vengarse de aquel día.
Todo por lo que había pasado Iñaki le vino a la cabeza, todas las malas decisiones que tomó, como aquel día le destrozó la vida, como el recuerdo de aquella mujer tumbada en el suelo lleno de sangre le atormentaba cada vez que las cosas le iban bien.
Ivy- Iñaki, ya es hora de que te liberes. Esta es tu oportunidad… He estado investigando, y todo aquel que dice conocerte, habla bien de ti. A excepción de esta escoria.


Iñaki la miró y le preguntó que plan tenía, que podía hacer? No quería que muriera, solo que pagara todo el mal que había hecho.
Ivy lo miró y afirmó dando a entender que comprendía lo que él quería. Cogió, se acercó a David y le cortó los gemelos verticalmente. Un grito de dolor se escuchó en todo el edificio.
Ella caminaba segura alrededor de David, mientras este intentaba agarrarla de la rabia.
Después de dar 3 vueltas a su alrededor, se paró y comentó a los presentes- Vale, le daremos la oportunidad de que sobreviva. Traed uno de los dados del juego de mesa que tenemos arriba, a ver que tal le sonríe la suerte a este engendro.
Trajeron los dados y comentó – El número que salga, será el tiempo que aguantes a los perros en el suelo- Si sale un 1, será un minuto aguantando las mordidas de los perros, ya es cosa tuya sobrevivir. Si sale 6, serán 6 minutos, valga la redundancia .
Tiró el dado al suelo, saliendo un 3, mientras varios apostaban a que no iba a aguantar 3 minutos a los 3 perros.
Con los gemelos cortados, sin poder ponerse de pie, sin salida de esa habitación solamente la entrada, y con los golpes que tenía en el cuerpo, su porcentaje de supervivencia, era realmente baja.
Y allí mismo soltaron a los perros, lo que se decía se hacía, sin miramientos.
Salieron de la habitación pudiendo ver a través del cristal pequeño de la puerta y los gritos, como no iba del todo bien. Al minuto y medio, ya no se oían gritos, solo gruñidos y el desgarre de la piel y musculos, el arrastre del cuerpo.
Terminaron los 3 minutos, e Iñaki miró desde la puerta, recogieron a los perros, y efectivamente, no había ya nada vivo allí que formara parte de David. Los perros habían hecho justicia.
Se fue corriendo a la entrada y acabó vomitando toda la comida, mientras se oia a Ivy decir- Joder, si es que no aprendemos, estas cosas tenemos que hacerlas antes de comer, que luego tenemos que limpiar pota por el suelo-
La frialdad y la poca importancia que le daban al muerto, dejaron claro a Iñaki, que de ahí no volvería a salir nunca más. Y lo peor de todo, es que no era algo que le fuera a importar, ese mes trabajando para la puta loca de mierda esta, fueron de los mejores meses de su vida.
De pronto sintió tranquilidad, sintió libertad en su pecho, se giró y fue hacia Ivy.
Iñaki- Y que futuro me espera a mi? con rostro enfadado pero seguro.
Ivy lo miró y encendiendose un cigarro, le puso la mano por el cuello y se lo llevó fuera, imponía tanto su silencio, que ni los suyos sabían realmente que intenciones tenía.
Ivy se paró en la parte trasera del edificio, lleno de trastos, metales, trozos de coches oxidándose… Mientras se fumaba el cigarro tranquilamente, solo se oía el sonido del cigarrillo al ser consumido.
Despues de un minuto de silencio, Ivy le miró y le entregó unas llaves, llamándole Jefe.
Iñaki abrió la mano derecha cogiendo las llaves y con cara dudosa le preguntó, Jefe?
-No querías llevar el negocio? No decías que tienes lo que hay que tener para ser el Jefe? Pues aquí tienes, ya has visto un poco de lo que somos capaces de hacer, yo soy de Florida, y no voy a estar más tiempo aquí del necesario cada X tiempo, y necesito de alguien de confianza para que lleve esto. Tres mil dolares a la semana te parece bien? le preguntó.
Iñaki con una sonrisa en la cara, afirmó con la cabeza muy seguro de ello.
Ivy- Ya es más de lo que cobran alguno de los míos, así que sientete orgulloso. Eso sí, Iñaki, no me falles. Ya no hay nada que pueda impedirte triunfar, tener una vida plena y ser feliz…bueno sí, yo. Pero mientras trabajes para mi, no te va a faltar de nada.
Ese taller está protegido las 24/7, tanto por los míos que residen aquí, como otras organizaciones amigas.
Recuerda, ciego, mudo y tonto. Si te digo que debes hacer un favor a X persona, lo haces sin preguntar, si te digo que ese día no vayas al taller, no vas a taller. Y si te digo que necesito que te pases por otro en mi nombre, lo haces. Las cosas son fáciles, no necesito que pienses por mi, solo haz lo que yo te diga.
Iñaki iba afirmando con la cabeza con cada palabra que salía de la boca de Ivy. Lo haré, dijo de forma muy segura.
Ivy- Estaré aquí 1 mes más, vamos a ver que tal va el negocio llevándolo tú totalmente. Sigue trabajando así, y quizás te lleve para donde vaya, que voy a necesitar ayuda.
Iñaki se quedó con la duda de donde quería ir, pero prefirió no hacer preguntas, recordando, ciego, mudo y tonto.
Las semanas fueron pasando conforme lo acordado, al principio costando un poco la adaptación, pero luego fluyendo como si llevara toda la vida trabajando en este mundo.
Llegó el día en que se tenía que marchar la familia Halsey y sus trabajadores. Se marcharon durante la noche, sin decir absolutamente nada. Dejando encima de la mesa una Glock totalmente negra encima de mi mesa con un mensaje. <Úsala bien, y acuerdate, no dejes rastros. Nos volveremos a ver.-Heavy->
Iñaki estaba preparado para este camino en solitario, y si no, debía improvisar.
Pasaron los meses, todo iba bien, las cosas cuando se torcían se arreglaban con un par de llamadas, el dinero venía a raudales, de forma ilegal, está claro. Pero Iñaki sabía bien como mantenerse bajo el radar, y más con la protección de Ivy.
Se plantó con 27 años, conoció a muchas mujeres, todas interesadas. Parece ser que su apariencia, la buena forma física de Iñaki y lo guapo que era, solo atraían a brujas, brujas que intentaban sacarle todo el dinero que podían. No lograron gran cosa, una noche de polvos, cenar en un buen restaurante, y si te he visto no me acuerdo, seguía siendo un rompe corazones, más listo que ellas.
Los padres de Iñaki estaban orgullosos de él, pensando que era un simple empleado del mecánico, y apareciendo alguna vez que otra para traer unos macarrones recién hechos de su madre a todos los trabajadores de allí. Aparentemente el taller es un taller, hay que meterse mucho en su interior para ver que se cuece realmente. Mientras no se pase, estará a salvo. Era una mujer admirable, simpática, cariñosa y atenta. Que apreciaba a cada trabajador que compartía tiempo con su hijo Iñaki.
Los meses pasaban como si fueran horas, la rutina aburría a Iñaki, y cada vez le atraía más la idea de volver a ver a los Halsey, hablaban de vez en cuando para ver que tal iba el negocio, e Iñaki siempre preguntaba por Ivy, esa temporada juntos había creado un lazo difícil de romper. Quizás es por la confianza que ella puso en él, sin necesidad de hacerlo, quizás por la necesidad de tener a alguien que no se anda con chorradas y con palabra a su lado, o quizás ..quién sabe.
Iñaki a tanta distancia, realmente no se enteraba de todo lo que ocurría en Florida, donde la organización era la dueña de aquello. No se enteró de que los cabeza fueron asesinados, Klaus Halsey y Marco, el abuelo y mentor de Ivy. Que Ivy estuvo una temporada buscando al que era su marido desaparecido, que otras organizaciones intentaron apoderarse de Miami… Y mejor, debía centrarse en lo importante.
Nunca los trabajadores habían dado problemas, pero parece ser que una filtración, indicó que la familia Halsey estaba toda detenida y el negocio no iba a seguir. Haciendo que más de uno temiera por su empleo y sus vidas.
Iñaki mantuvo a la gente lo más tranquila posible, pero ya sabéis como funciona el terror colectivo, cada vez crece más y más, llegando a un punto en el que la cordura de la gente desaparece y se dejan llevar por historias.
Iñaki se dedicó a llamar todos los días varias veces a Ivy y todos los números a los que tenía permitido llamar. Allí mismo, ese desconocimiento, empezó también a hacer mella en Iñaki, haciendo que dudara de si seguían con vida o estaban en prisión.

Iñaki empezó a escuchar a los trabajadores, como había alguno que quería mirar de dedicarse por completo a esto, como intentaba comer la cabeza a otros y llevarlos a su terreno. El negocio era una gallina de huevos de oro y lo querían para ellos. Inclusive se atrevió uno de ellos a contactar con la organización con la que colaboraba Ivy en San Francisco.
Se plantaron allí mismo, a las 7 de la tarde en invierno, oscuro todo, las farolas alumbrando los coches negros y oscuros que llegaron. Iñaki tragó saliva, cogió la pistola y se la puso detrás del pantalón ocultándola con la camiseta.
Entraron 5 personas, 1 de ellos con un sombrero blanco y una ralla negra en el. Con unos andares de libertad y superioridad. Se le diferenciaba del resto por estar en medio, protegido por los demás. Se notaba que era el que mandaba y el que tenía los huevos en esa relación de 5.
Iñaki se acercó a ellos, y preguntó que quienes era, que ya estaba cerrado el taller. El chico del sombrero lo miró y con voz extranjera y su apariencia paquistaní le invitó a llamar al Jefe.
Iñaki se dirigió a ese hombre, y se presentó como el Jefe del taller.
Entre ellos pudo identificar a algún trabajador de Ivy, no entendía que estaba ocurriendo, y su cara lo reflejaba totalmente.
El señor del sombrero susurró a Iñaki – Ivy me ha hablado mucho de ti, buen trabajo con el taller-
Y se adentró al taller, llegando donde los trabajadores aun estaban quitando todas las piezas a un super deportivo Bugatti.
Los ojos del señor del sombrero se pusieron como platos al ver semejante hermosa de coche. Doliendole en el alma que ya solo quedara el esqueleto del coche.
Y bueno -Qué problema hay?- Preguntó el señor del sombrero. Iñaki lo miró y no supo que comentar, no sabía por donde iban los tiros.
Volvió a insistir- Que qué problema hay- . Mirando a los trabajadores de Iñaki.
Me ha contado un pajaro, un pajaro muy gordo de esta ciudad, que alguien le ha molestado intentando truncar el negocio. Y no nos gusta que molesten a nuestros amigos los pajaritos, y menos si son así de gordos.
Uno de los trabajadores cogió una herramienta y amenazó a Iñaki, si hacéis algo lo mataré, gritaba.
Vaya, ya tenemos al que se ha desviado del rebaño, dijo uno de los trabajadores del señor del sombrero.
Mi nombre es Fallath, trabajo con Ivy, bueno, es mi mujer – Dijo sonriendo-
De fondo se podía escuchar como llegaban más personas, entre ellos se oía una mujer quejarse del olor a Mcdonals que había dejado su hermano en el coche. Parecía la voz de Ivy y su hermano Klaus.
Mientras se acercaban, se la veía poner un silenciador a una pistola que se había sacado de delante del pantalón.
Al llegar, dijo con voz seria- Buenas noches señores- algo muy común en ella, sobretodo educación aunque su vocabulario fuera todo insultos. Dio la pistola con el silenciador a Iñaki sin apartar la mirada de sus ojos y le dijo sin ir con rodeos. -HAZLO-
El tío con la herramienta en la mano se puso de rodillas delante de Iñaki implorando piedad, que entendía que había hecho mal.
Volvió a repetir Ivy -Hazlo, no volveré a repetirme-.
Iñaki no era un asesino, pero en ese momento, era él o el otro. Lo apuntó y cerró los ojos, con el dedo en el gatillo, la gente insistía – Joder! Hazlo, no es tan complicado, es un sapo!-
Ivy se acercó por su espalda, puso su izquierda en su cadera y la derecha encima de su mano, apoyando su dedo indice en el suyo, el cual estaba encima del gatillo.
Desde atrás le susurraba, quita el seguro, Iñaki cogiendo aire profundamente lo quitó, mientras esta le susurraba al oido, suelta el aire y yo haré el resto.
Y justo cuando se centraba en expulsar el aire por la boca, Ivy apretó su dedo hacia el gatillo haciendo que esta disparara. Cayó delante de Iñaki el cadáver de su trabajador, su primera muerte, la primera vida que ha arrancado de un cuerpo.
Iñaki miraba fijamente el cuerpo, algo tenía con la sangre, quizás miedo, quizás asco.. desde aquel momento con la mujer en el suelo, no era lo mismo.
Ivy le susurró – Oficialmente, ahora sí eres un asesino-.
Le cogió el arma de la mano, puso el seguro y quitó el silenciador.
El señor del sombrero, vaya, Fallath, ordenó limpiar la zona, y llevarse al resto de trabajadores a otra sala para interrogarlos, era necesario sacar toda la información y limpiar la hierba que había crecido de más.
Los siguientes días fueron muy duros para Iñaki, sus trabajadores empezaron a tenerle miedo, la confianza que tenían antaño, se había desvanecido, y sabía que le tocaba volver a trabajar duro con ellos, y contratar a personas nuevas para que el negocio siguiera a flote.
Durante una temporada Fallath, Klaus, Ivy.. iban a estar por San Francisco, encargándose de más negocios y de que todo siguiera como debía ir. Devolviendo favores y haciéndolos, siempre era recíproco.
Si algo había enseñado Ivy a Iñaki, es que debía ser correcto, fiel a sus ideales, a ella, y propagar respeto y temor. La gente tenía la costumbre de coger el brazo entero, las confianzas daban asco.
Conoció a una chica, una amistad de Ivy, era distinta a las demás, Jessica se llamaba, y no, no la llamaban La Jessy. Era una mujer de los pies a la cabeza, no una niñata de barrio. Esta era abogada, y llevaba muchos casos en los que no era nada fácil ganarlos. Determinada, una fiera defendiendo lo indefendible, con una confianza infalible. Una mujer tan segura y que no amenazaba a la primera de cambio como Ivy, era un imán para todos los pervertidos. Sabían que de ella como mucho se llevarían un -No me interesa, gracias- o un – Me siento alagada, pero estoy con alguien- siendo muy educada por frenar los pies a todo hombre que no quisiera cerca.
Ivy le presentó a Iñaki, ya era hora de que se dejara de polvos de una noche y sentara la cabeza. Ivy habló muy bien a Jessica de Iñaki, lo puso tan por las nubes que el interés de esta se vio reflejado al verlo por primera vez en una cita a ciegas. Ella ya sabía que era él, al verlo allí sentado esperándola en la barra del restaurante en el que habían quedado. También era normal, el restaurante estaba totalmente vacío, Ivy se había encargado de que esa cena fuera perfecta, y no hubiera nadie molestando, que no fuera trabajador del local. Llegaba puntual, mientras el ya llevaba más de 1 hora con los nervios a flor de piel mirando a la entrada.
Era una mujer despampanante, pelo castaño claro tirando para rubio, unos ojos verdes, una melena larga, y un cuerpo precioso.
Se saludaron tímidamente, un beso en la mejilla y acompañados del camarero fueron a la mesa central. El restaurante era precioso, con un pequeño escenario donde salió un hombre a tocar Jazz mientras estos cenaban.
Podríamos decir que estaba todo sutilmente planeado para que saliera perfecto, los 2 lo necesitaban. Ella hacía tiempo que había salido de una mala relación, en su misma boda, su ex novio se lió con una de las damas de honor, y desde entonces no ha vuelto a confiar en un hombre. Y bueno, Iñaki necesitaba conocer a una mujer de verdad, independiente y que no lo quisiera por el dinero.
Se pasaron las horas como minutos, dando la 1 de la mañana en el restaurante, los camareros los miraban con desespero, a ver si espabilan. Pero Klaus que estaba en la cocina comiendo todo lo que podía, iba pasando billetes de 100 dólares por la espera a cada camarero.
El músico de Jazz ya hacía rato que había terminado, y el ambiente estaba que saltaban chispas.
Todo pareció ir de lujo, cuando Iñaki acompañó a Jessica, para que llegara bien a su casa, y solo se despidieran con un beso. Y sí, era de lujo, pues no tenían prisa.
Las semanas pasaron y la relación cuajó a la perfección, yendo todo sobre ruedas.
El negocio bien, la familia bien, la novia bien… Algo inusual, pero ya era hora.
Iñaki se plantó con 30 años, Jessica con 33 y el defender a cierta persona, condujo a que la historia de amor terminara de mala manera.
Jessica fue asesinada a la salida de su casa por el hermano de un asesino que entró en prisión. Los motivos? no haber hecho bien su trabajo o eso decían ellos. Muerte más que injusta en este mundo.
Allí mismo su cuerpo sin vida, por ahí va, tan solo una más viajando al mundo del olvido y no regresará, otro corazón robado, otra hija perdida…
Las horas eran cruciales para la policía y las pistas llevaban a los locales que sabían que solían visitar, pero sin encontrar nada más que locales abandonados.
Esto fue totalmente personal entre Ivy e Iñaki, la búsqueda del asesino no fue fácil, y llevó 2 semanas saber donde estaba el mierdas. Contactos y favores lo llevaron fuera de San Francisco, mientras el hermano moría en prisión a manos de trabajadores de la familia Halsey.
En un piso pequeño, sucio y aparentemente abandonado, allí estaba. Toda una película de acción, la cual apareció en las noticias, al prender fuego al piso con el vivo dentro.
Curiosa forma de morir, de mano de Iñaki, el cual insistió en ser él quien lo ataba, quien lo rociaba de gasolina y encendía el cigarro y dejándolo caer a sus pies.
Fue un llegar a Los Ángeles e irnos el mismo día, trabajo completado, venganza terminada.
Los siguientes días para Iñaki fueron sumamente importantes para que siguiera adelante, pero los negocios eran los negocios, y no había tiempo para más llantos. A los 5 meses, recibió noticias de Ivy, que llevaba una temporada en Los Santos, invitandole a llegar aquí, el día que esté preparado para despegarse de ese trabajo aunque fuera una temporada.
Después de mucho pensarlo, decidió probar, que tenía que perder? En el taller siempre tendría hueco si tuviera que volverse, y con bastante dinero ahorrado, podía permitirse unas vacaciones merecidas en una ciudad nueva, con nuevos planes.
Y quién sabe, si se crea algo grande, quizás se quede fijo allí.