Matias Ibarra

Nombre del personaje: Matias Ibarra
22 Años. Procedencia Argentina.
 
Matias Ibarra nació el 19 de Octubre de 1998 en Argentina. Se crio en una humilde villa conocida como “la 1-11-14”, una de las villas más peligrosas de la Argentina.
En la 1-11-14, gran parte de los habitantes se dedican a cometer actos ilegales, tales como; Narcotráfico, robos de celulares, “entradas” (consisten en vigilar una casa y esperar al dueño hasta que llegue, una vez llegado, le apuntan y amenazan para poder entrar a la casa y robar todo objeto de valor encontrado), secuestros “express” (consisten en ir en un auto entre dos o más secuestradores bien armados, cruzarle el auto a la víctima para acorralarlo, bajarse rápidamente y meterlo al auto mientras se le apunta) y el famoso “cabo suelto” (consiste en ir a la casa del sujeto que se metió en donde no debía o no obedecía ordenes de las pandillas y narcotraficantes del lugar, tocar la puerta, esperar que abra la víctima, dispararle a la cabeza y huir).
Los padres de Matias Ibarra, Juan Ibarra y Norma Rodríguez, siempre fueron muy trabajadores y correctos. Norma, trabajaba en un pequeño bar como mesera, cumplía 8 horas diarias y recibía un sueldo básico, solo alcanzaba para lo justo (comida y ropa), nada de lujos. Juan, trabajaba en una constructora como obrero, cumplía 12 horas diarias y recibía un sueldo, que al igual que a su mujer, solo le alcanzaba para mantener la humilde casa que tenían en la villa 1-11-14 y para pagar gastos fijos. A pesar de sufrir limitaciones por el dinero, Juan y Norma juraron nunca realizar actos ilegales con el fin de conseguir de conseguir un dinero extra para apoyar a la familia. Estos valores siempre se los transmitieron a su hijo, Matias Ibarra. De muy chico, tres/cuatro años, cuando Matias Ibarra comenzaba el jardín, sus padres le explicaron que él siempre tenía que respetar a todos por igual, le decían que nadie estaba por debajo de él y que siempre tenía que ser correcto. Matias Ibarra, a pesar de ser muy chiquito, entendió y respeto estos valores al pie de la letra. Su cursada en el jardín fue muy buena, tuvo muchos amigos, sus padres siempre lo apoyaron y estuvieron para el en eventos escolares, y Matias Ibarra siempre se comportó de forma ejemplar, un orgullo para sus padres. A medida que comenzó a crecer, termino el jardín y paso a la primaria con unos siete años. Para ese entonces, Matias Ibarra ya era un poco más consciente de su situación, tanto económica como social. Se dio cuenta del entorno que lo rodeaba, comenzó a prestar más atención a sus compañeros, a su casa, la villa en la que vivía, etc. Matias Ibarra pasaba las noches en su cuarto visualizando sus alrededores, viendo los peligros y la delincuencia de la villa. También, comenzó a notar que varios de sus compañeros se estaban relacionando con gente mucho más grande, de unos quince y dieciséis años. Todos estos aspectos, le llenaban la cabeza a Matias Ibarra, no entendía porque la gente hacia cosas malas e ilegales y porque él vivía en ese ambiente tan feo.

A la edad de los nueve años, Matias Ibarra decidió preguntarle a sus padres el porque la gente de la villa actuaba así, porque optaban por la delincuencia. A lo que sus padres contestaron, “no todos tienen la misma posibilidad que los demás, hay gente más pobre que nosotros, a la que ni siquiera le alcanza el dinero para brindarle comida a su familia”. Matias Ibarra estaba anonadado y triste, le costaba comprender como el mundo era tan injusto como para dejar que familias pasen hambre. No obstante, Matias Ibarra se negaba a dejar que estos pensamientos lo atormenten. Mantuvo la cabeza en alto. De todas formas, su fuerte postura no duro por mucho, Matias Ibarra comenzó a notar la ausencia a clases de sus más amigos en el colegio. Tantas fueron las ausencias, que Matias Ibarra decidió ir a la casa de cada uno de sus amigos para averiguar que les estaba pasando, todos tuvieron la misma respuesta; “ya no me importa el colegio, yo quiero ganar plata con mis otros amigos, para que estudiar?”. Matias Ibarra no comprendía que era lo que sus amigos le querían decir, hasta que se acordó de las malas juntas que tenían con sus otros amigos mayores de edad. Y así, comprendió que sus amigos habían decidido ir por el mal camino. Matias Ibarra estaba triste, pero sobre todo solo. No tenía casi amigos en el colegio con los cuales jugar, charlar o pasar buenos momentos. Sus últimos años de la primaria y el primero de la secundaria, ya con unos once años, fueron los peores. Matias Ibarra se sentaba solo en el colegio y no tenía a nadie con quien hablar, las tardes después del colegio las pasaba en su casa y el verano lo pasó todo el día dentro de su casa. Cada día se daba cuenta de la horrible situación de los chicos jóvenes en la villa donde vivía. Es por esto que el joven Matias Ibarra, a unas semanas de terminar su primer año en la secundaria, juro que su vida iba a ser diferente, creía que él podía ser la excepción. El verano antes de comenzar su segundo año en la secundaria, Matias Ibarra comenzó a notar la ausencia de su padre, Juan Ibarra, en la casa, en las comidas y también noto sus llegadas tarde por la noche. Por esto, comenzaron las peleas entre sus padres, discutían siempre que se cruzaban. La casa era un desastre. Pero con lo poco que podía escuchar entre cada pelea, Matias Ibarra se dio cuenta de que su padre ya no ocupaba el trabajo de obrero en la constructora. Pero lo raro era como es que su padre aún seguía manteniendo la casa y los gastos fijos si no tenía un empleo. Con un poco de información que reunió por los rumores que corrían por las paredes de la villa, Matias Ibarra descubrió que su padre se había metido en el negocio de las drogas y de las “entradas”. Matias Ibarra no lo podía creer, su padre se había convertido en lo que juro nunca convertirse y en lo que el mismo más odiaba, un criminal. Furioso y enloquecido, Matias Ibarra decide contarle esto a su madre, la cual se sintió traicionada, pero no sorprendida. Por lo cual, Matias Ibarra asumió que su madre ya sabía sobre todos los actos ilegales que su padre estaba cometiendo. La mentira de su madre y las acciones de su padre, lo dejaron a Matias Ibarra extremadamente disgustado y enojado. No lo podía creer. La situación siguió empeorando, las peleas seguían, las actitudes de su padre no cambiaban y la baja moral de Matias Ibarra no mejoraba.

Una noche, unos días antes de que Matias Ibarra comenzara su segundo año de secundaria, su padre llego y lo despertó a él y a su madre. Juan gritaba y estaba muy paranoico, no paraba de decir que los tres tenían que huir porque lo estaban buscando. Lo único que llego a decir es que intentó salirse de los actos ilegales que estaba cometiendo pero unos pandilleros lo amenazaban para que se quedara y que por eso tenían que huir. A los pocos minutos de que llegara su padre, se escuchó un fuerte golpeteo en la puerta de la casa, todos se callaron y ninguno atendió. De pronto tiraron la puerta abajo y entraron dos pandilleros apuntando a todos a la cabeza con una pistola. Matias Ibarra estaba paralizado. Lo único que Matias Ibarra recuerda de ese momento es que su padre intento calmar la situación pero lo único que causo fue que los pandilleros le dispararan a matar a la madre de Matias Ibarra. Desde ese día, todo cambio dentro de Matias Ibarra, sentía un vacío por dentro que parecía que no lo iba a poder llenar ni dentro de mil años. Matias Ibarra se dio por vencido, no comenzó su segundo año en la secundaria y termino abandonando en colegio. Su padre, después de esa noche, se dio a la fuga para nunca volver. La falta de dinero y educación de Matias Ibarra, lo llevaron a vivir solo y triste en las calles de la villa 1-11-14. Matias Ibarra pasó los siguientes días, semanas, meses y años robando y relacionándose con gente mala, con el fin de poder sobrevivir toda esta catástrofe de vida por la que estaba pasando. Esta relación con gente mala y delincuencial, lo llevaron a Matias Ibarra a pasar, de sus doce a dieciséis años, entrando y saliendo de comisarias, penitenciarias, centros de rehabilitación, correccionales y cárceles por culpa de los robos de celulares y de autos que hacía en su día a día para poder sobrevivir. Su vida era un desastre, como fue la de su padre. Poco antes de cumplir los dieciocho años, ya en libertad después de haber pasado unos meses en una correccional por robar un auto, Matias Ibarra se enteró de que su madre le había dejado una pequeña herencia. La herencia eran unos 20.000 pesos argentinos. Matias Ibarra no sabía bien cómo su madre había conseguido ese dinero, pero en ese momento no le importo. Solo pensó que era una señal de su madre que le envió del cielo, diciéndole que debía huir, que debía comenzar de nuevo. Con ese dinero, Matias Ibarra, se las apaño para conseguir un boleto de ida en barco a Estados Unidos, particularmente a la ciudad de Los Santos, para así comenzar una nueva vida. A pesar de esto, Matias Ibarra sabía muy en el fondo que no iba a poder regularizar su situación, el ya cree estar perdido en esta vida. Su conciencia y la gran culpa que siente de defraudar a su madre, le destrozan la mente día a día.

Si tuviera que definir como es la personalidad de Matias Ibarra luego de vivir todo lo que vivió, diría que es valiente, audaz, inteligente y siempre se muestra como un ser fuerte, a pesar de cargar con su pasado oscuro que lo atormenta constantemente. La falta de un padre y una madre cuando era joven, y las atrocidades que tuvo que cometer para no morir de hambre y de frio, no lo dejan dormir por las noches. Siempre se pregunta porque fue que a él que le toco pasar por esa horrible situación, porque tuvo que sufrir tanto. Él está en constante lucha con su conciencia. Matias Ibarra le tiene respeto a todos los ciudadanos, incluidos los oficiales aunque no haya tenido un buen pasado con ellos, pero este respeto no es ilimitado, en cuanto el siente que se le está faltando al respeto, se transforma por completo. Comienza a actuar de una forma odiosa, repulsiva y hasta asquerosa, esto se debe a su forma impulsiva de actuar en situaciones límite. En cuanto a sus miedos creo que serían; llegar al punto en que no pueda vivir más con su conciencia atormentada, quedarse solo y tener algún rencuentro con su padre. Es un hombre responsable, creativo, fuerte y defensivo, pero más importante, valiente. Si le demostras tu amistad y tu amor, el hará todo lo posible para ayudarte a progresar o para defenderte y apoyarte en cada situación por la que pases. Matias Ibarra desea llenar el vacío que lleva por dentro buscando un grupo o familia o amigo que le pueda brindar lo que sus padres no pudieron cuando era joven.

Matias Ibarra, a esta etapa de su vida, aspira a tener el dinero suficiente como para vivir sin preocupaciones, teniendo comida en su mesa todas las noches. Su sueño es algún día conocer a un gran grupo de amigos en Los Santos que se conviertan en su nueva familia. Además de esto, busca tener una casa en la que pueda compartir momentos con amigos. Con el poco dinero que le había sobrado luego de comprar el boleto en barco a Los Santos, quisiera juntar más dinero para comprar una moto Sanchez.

Matias Ibarra, a sus 22 años de edad, es de piel morena, ágil, veloz, pero flaquito debido a su genética y al poco interés que le da a cada comida ya que siempre esta inquieto pensando en una nueva forma de obtener dinero para seguir sobreviviendo día a día. Tiene pelo medio largo de color rubio/morocho. Le gusta usar cualquier tipo de ropa.